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Un poco de Historia

Nuestro Edificio
La Antigua y Noble Villa de Torrelaguna, antes Tordelaguna, de remoto origen, nace a la realidad urbana moderna como la Cabecera del mundo rural altojarameño, simbiosis de la Sierra madrileña y la Campiña alcarreña y, por ende, su principal núcleo de desarrollo, respaldado por la Gesta Hispánica; y como toda ciudad que se precie disfrutaba de importantes servicios colectivos. Uno de ellos fue la Alhóndiga, hoy diríamos Mercado de Abastos, que, posteriormente, se transformó en el Alfolí de la Sal, local municipal de servicios para almacén y despacho de la Sal, el principal conservante e ingrediente entrañable de nuestra Cultura más popular, durante siglos.

Este edificio que visitas es, tal vez, el único ejemplar de su tipología, historia y significado que se conserva en la Comunidad de Madrid y, aunque remozado, por la obligada restauración que su estado y futuro requería, aún conserva interesantes ejemplos de su definición y carácter. Su construcción esencial responde al llamado "Mudéjar popular", característica del a Castilla medieval, tapial con entramado de madera, sobre paramentos de sillarejo, toda cubierto por revestimiento de cal y mortero, hoy pintado al temple "a la antigua costumbre". Su interior, hoy diáfano y amplio espacio, constaba de pequeños habitáculos de almacén que "asomaban" a un patio cubierto, perimetrado por puntales de madera con un corredor en la planta superior, en donde se hacía el "Gasto" de lo almacenado. Los techos se cubrían de bovedillas estucadas con adornos vegetales (ramones y zarcillos de vid) que encuadraban carteles con la palabra "ASAM", que recordaban la herencia cultural hispanomusulmana. Finalmente, los portones de madera que cierran la entrada mantienen diversos elementos de distinta influencia y son reflejo de la artesanía popular de los siglos XIV al XVI. No obstante, lo que singulariza al edificio es el cuerpo macizo volado que se adelanta sobre la alineación de la casa, soportando la cubierta superior de teja árabe y la viguería del piso superior.


La ubicación del inmueble indicaba su importancia porque se halla situado en el sector central del caso antiguo de la Villa, "parada" necesaria de la vía medieval más importante de la población, que enlazaba la Puerta del Norte de la Muralla urbana con la Puerta del Sol, o de la Malacuera, que daba salida al tramo de la Cañada Segoviana, conocida como Camino Real de Madrid (calle de la Estrella, Juan de Mena, Plaza Cardenal Cisneros o de la Atalaya y calle Cardenal Cisneros o de los sastres), pasando por el interior de la ciudadela.


La reconstrucción actual de este inmueble ha pretendido, desde las licencias que Comodidad y Actualidad demandan, recuperar para el Futuro la presencia de este monumento rural con toda la dignidad que su arcano testimonio merece como referente original de los pueblos madrileños.